Por pastor Daniel Brito
«En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación12 y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio,13 mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.14 Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.»
En medio de las dificultades, y de un mundo en turbulencia, hay una esperanza para el Creyente que no debemos olvidar. Cuando hablamos de esperanza, no es en la forma que nosotros hacemos uso regular de esa palabra. En realidad, decimos: “espero que así sea”, o “espero verte mañana”, o “espero respuesta”. Esas expresiones más bien quieren decir que uno “desea”, mientras que el esperar Bíblico, es más que desear, es una seguridad, o una realidad, que todavía no ha llegado, pero que con seguridad sí va a llegar, o sí va a ocurrir. Hoy día podríamos hacer una comparación imperfecta, a la espera del vuelo de un avión que tantas veces se tarda, pero nadie duda que está por llegar. Dije imperfecta, porque los aviones pueden sufrir un accidente y no llegar.
El tema de la muerte no es un tema bonito, pero es imposible de ignorar. La Biblia nos enseña que la muerte es un enemigo de Dios. 1 Corintios 15:24-26 dice:
«Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. 25 Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 El último enemigo que será destruido es la muerte, 27 pues Dios ha sometido todo a su dominio.»
Es muy claro que Dios le dijo a Adán que si desobedecía y comía del árbol, iba a morir. Esa muerte era doble: espiritual y física. JESUCRISTO solucionó el problema de la muerte espiritual al reconciliarnos con Dios a través de Su Muerte en la Cruz del Calvario. Pero la muerte física es algo que ha seguido afligiendo a la humanidad, y lo hará hasta que nuestro SALVADOR venga a Reinar.
Si el SEÑOR viene por Su Iglesia mientras vivimos, no veremos la muerte física, sino que seremos transformados instantáneamente para encontrarnos con nuestro Salvador en el aire. En la primer epístola a los Tesalonicenses 4:16-17 dice:
«El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre.»
Ahora, si el SEÑOR no viene por Su Iglesia mientras vivimos, todos tendremos que enfrentar la muerte física. Pero es ahí donde entra la ESPERANZA del Cristiano. La Escritura es bien clara en dejarnos las Palabras de nuestro Salvador sobre la Vida Eterna que Él tanto Prometió a aquellos que Creyeran en Él. Solamente en el Evangelio de Juan, encontramos tantas veces que JESUCRISTO habló de la Promesa de darnos vida eterna y Resucitarnos de entre los muertos. Juan 6:40 dice:
«Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.»
Veamos algunas observaciones sobre este Texto:
- Es la Voluntad de Dios darle vida eterna a aquellos que Creen, o sea que se someten al Hijo.
- El tener vida eterna es la Promesa más grande que Dios puede darnos. Eso quiere decir que nuestro futuro está garantizado si nos sometemos al Hijo, Creyendo en Él. Aclaro que CREER, no es asentir con la cabeza solamente, sino que es una vida de OBEDIENCIA a Dios. No se puede Creer a Dios sin Obediencia. Creer, es convencerse, y por lo tanto Obedecerle. Nadie puede librarse de esa realidad, porque entonces sería cambiar totalmente el contexto de las enseñanzas de JESUCRISTO. Nuestro Salvador dijo al respecto en Juan 14:1-3:
«No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. 2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. 3 Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.»
Por eso las Palabras del Salmo 23 son tan reales al uno poder leerlas. Especialmente el verso seis:
«La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre.»
Esto nos enseña que el Futuro, es nuestro mejor amigo. El creyente no tiene por qué tenerle miedo al futuro, especialmente al más allá.
La última Promesa es que un día regresaremos a buscar el cuerpo, o nuestra habitación que dejamos en la tierra. Seguramente que no habrá nada sino solamente polvo en lugar del cuerpo que dejamos. El SEÑOR nos hará un cuerpo nuevo Glorificado. Esa promesa es un pilar del Evangelio y debemos recordarla, y enseñarla.
Es imposible el no sentir dolor cuando sufrimos la pérdida de un ser querido. Sí sentimos dolor, y aun lloramos también. Pero no nos lamentamos como aquellos que no tienen esperanza. Porque donde no hay esperanza, solamente existe la incertidumbre. Nosotros tenemos nuestro futuro garantizado. 1 Tesalonicenses 4:14-18 dice:
«Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. 14 ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. 15 Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. 16 El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. 18 Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.»
Que Dios los bendiga.



